Hoy por hoy… al retornar a mis clases de crítica teatral en la escuela de arte dramático, me pregunto y les pregunto a mis alumnos directamente sobre la crítica y sobre el teatro. Y la pregunta redunda en torno a “el porvenir de la crítica”. Pero no me pregunto esto por la obligación de impartir una clase sobre un tema que deviene en doctrina escatológica. No, me pregunto porque más que eso mi oficio inicial me lleva a la cuestión sobre los problemas que produce una estética como modo de pensar en un tiempo y a un tiempo.
Entonces, la pregunta por la crítica, no me remite a pensar un concepto de la crítica “tradicional” en términos de preceptiva o de normativa. Pienso en la crítica más bien como la producción de un discurso posible que nos idea una cuestión sobre la estética, en torno a la performance de la escena. Esta “perfomance” abunda hoy, y trasiega por los campos del pensamiento complejo y de la transdisiciplinaridad. Es decir, ya la crítica no viene para dictarme la ley. Ahora la crítica deviene debilitada, conformada con lo que ve.