Quisiera hacer dos distinciones iniciales, el teatro como apariencia, como imaginación social, representación y artificio de la vida y en sentido opuesto el teatro como vida, como resplandor del ser. ¿Es posible pensar un teatro hoy de la vida? ¿Es posible imaginar o llegar a ver un teatro “real”? Si damos un pase rapidísimo a los movimientos artísticos, el realismo fue un de estos movimientos que intentó abordar la “realidad” en el espacio dónde no es posible más que la artificialidad. Arte (Artificialidad) y Realidad, será la vieja disputa entre antiguos y modernos. Los griegos ya interpretaban al arte como el lugar de la artificialidad, porque de otra manera no es posible la creación. Se crea utilizando un medio, “la materia”, y la materia no posee trascendentalidad, sino sólo a través de su transformación que deviene de la mano del artista que produce esa trascendencia. El artista es trascendente y la materia es sólo una muestra de cómo el arte y el artista producen la trascendencia. Así, para los griegos el arte operaba en el lugar de lo artificial y se oponía a la vida, desde el momento en que la vida sólo estaba en el artista.
La obra de arte era una muestra, una extensión de la vida del artista. El arte era mimesis, espejo de la realidad y de la vida, por lo tanto era resplandor. El mundo griego se tornaría el resplandor de la cultura occidental, el espejo de nuestra cultura, el pentimento, la huella indeleble de nuestro destino extraviado. De manera que en los antiguos el problema del arte y de la creación se vinculaba a una experiencia de orden metafísico y en los modernos también, especialmente en los realistas que a mi juicio fue el tiempo del pensamiento que más se opuso a esa artificialidad del arte producido por los griegos. El plan del realismo fracasó y derivó en principio en naturalismo, y el plan del naturalismo debió someterse una vez más al fantasma griego. El naturalismo dirá “tan natural como la vida” pero sólo eso, al cabo es una representación, un resplandor de la vida.
Hasta aquí todo parece que marcha bien, mientras no hay un aparato que produzca una lectura de esto. Pero la crítica teatral se tornó en ese aparato, en ese constructo que produce una “lectura” del arte. A los ojos de los griegos pudiéramos arriesgar a decir que la crítica es la artificialidad sobre la artificialidad. Es decir la crítica tradicional opera como un mecanismo fuerte de interpretación, mapa, lectura, de la obra de arte y de su construcción. El teatro que es una de las artes mas expeditas para pensar en que allí está presente la vida supera este marco de la crítica. Pues el arte teatral es efímero, de allí que es muy difícil dejar traslucir cuáles son los mecanismos y las formas de transformación de la materia, por lo tanto es complejísimo lograr abordar como se construyó el proceso de la creación en el actor. Además que el teatro es medio y materia, lugar de recepción y de proyección para la creación y para el arte. Allí la crítica, al menos esa tradicionalista que va en busca de la ley y de la verdad se ahoga.
En el teatro la crítica es producir discurso, signo, operar sobre lo que no veo. La crítica teatral es lo que no veo. La crítica es Tiresias, una adivina, un bruja que en la tradición occidental apunta a un espacio invisible y que se redime en: EL PROBLEMA DE LA TRANSMISIÓN. El problema de la transmisión plantea la pregunta por: EL PASE, LA TRANSFERENCIA, LAS VÍAS, LOS VASOS COMUNICANTES, que singularmente todavía hoy en el teatro se da a través de la voz. Así, el director transmite a los actores lo que desean, el actor a través de la voz transmite al público lo que cuenta en la historia, el crítico transmite en su escritura al otro lo que piensa de la obra y extraña y particularmente (al menos en nuesta tradición occidental) el único que permanece callado, en silencio, (salvo honrosas excepciones) es el público. El público no habla, sólo mira, el público permanece expectante al mundo de voces que se van desplazando en la sala, que van construyendo explicando la creación (cuándo esta se da) el público a lo sumo ríe y sólo luego, luego, cuando está en el hall del teatro es posible que pueda hablar, al menos decir algo que muy poca gente oye o que muy probablemente se pierde en los murmullos de la muchedumbre y de la noche, la voz del público se extingue muy rápidamente y es prácticamente inexistente.
Pero bien, ¿Qué busca la crítica en la representación? La crítica teatral se prepara para detectar los efectos de la vida. El teatro “narrativiza”, metaforiza la vida, saca de ella el resplandor que tanto anhelaban los griegos, el teatro se condena a su propia angustia metafísica y en este lugar el crítico es también el resplandor del espectáculo. Es decir en el teatro se produce un choque de espejos, de imágenes que se trocan unas por otras que terminan construyendo mundos imaginarios, de allí podríamos decir el teatro si, es la vida, pero sólo podemos ver su resplandor. Y es el crítico el único que puede “transmitir”, entrar en esa zona oscura de la voz de la creación teatral y transmitir en medio de una traducción del cuerpo de la escena lo que allí produce la creación. Hay un teatro que suspende esta imagen de la crítica, que suspende toda metáfora y resplandor, y que anula toda transición. Paradójicamente este teatro es el teatro comercial. Este teatro no ostenta absolutamente nada, no persigue nada, ni siquiera opta por algo, por una posición. Este teatro solamente intenta que se consuma, es un teatro para tragar, no para digerir, anula cualquier reflejo, resplandor, imagen posible, abandona el ritual del resplandor y el ritual de la imagen, y es pura y simplemente espectacularidad. En este teatro la crítica también se suspende y se encona en el vacío. Allí lo más terrible es que ni siquiera los murmullos, que decíamos antes, del espectador tienen alguna incidencia, algún decir, por lo tanto en este teatro no hay “mágicamente” GIRO DE TRANSMISIÓN. Esto es paradójico, porque la cultura occidental ha luchado ineficazmente para suspender las voces que circulan en la sala (la voz del crítico, del actor, del director, del teatro como edificio, de una época, de un tiempo, los susurros y murmullos de los espectadores en el hall del teatro, etc.) para ver si puede suspender esta distancia entre vida y arte, y hacer de ambas una sola.
Claro que a la crítica teatral esto no le gustaría en absoluto, porque al evitar el medio que se da para la creación, también se evita su propio destino y ya no habrá posible discurso que plantear. De allí me pregunto ¿Cuál teatro sería ese que busca en su destino fusionarse con la vida o parecerse tanto a la vida que se confunda con ella? y en segundo término si eso alguna vez sucediera creo que la crítica también se ahogaría, pero ¿Qué sería de nosotros? Y ¿Del mundo griego? Y de las viejas disputas entre antiguos y modernos. Pregunto ¿No será muy vano un arte de la realidad? ¿No será muy estúpido? ¿Si es así, vivimos en el ocaso del pensamiento? El fin del arte, puede ser el fin de la vida.





