Teatro y Comunicación

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I-Influencia mediada por diversos factores ante el hecho teatral.
La influencia del teatro evidentemente está mediada por diversos factores que se interponen entre lo mostrado en escena y el espectador.
Ahora bien, cuando se afirma que ``los miembros del público no se presentan ante el aparato de radio o de televisión, o ante el periódico, en un estado de desnudez psicológica`` (Joseph Klapper), esto por supuesto es extensivo a las artes escénicas. La gente va con toda su carga cultural y mental o con lo que llamamos vulgarmente con sus ``prejuicios`` a ver una representación. Y su reacción determinará el grado del impacto.
Se cuenta que la gente que vio a Casa de Muñecas de Ibsen, no aplaudió la noche del estreno porque no entendían o no esperaban ese final y en Alemania, este tuvo que cambiarse para que la obra pudiese ser presentada. El teatro, imágenes, sonidos, multiplicidad de signos e infinitos significados que acicatean el alma y la mente. Brecht, fue uno de los que sacaron mayor provecho de la posibilidad de acicatear la mente de los espectadores y les creó un sistema para que supieran estar despiertos-as ante lo que veían, para que supieran que lo que en la escena ocurría era mentira y que debían distanciarse para no dejarse arrastrar por el mero sentimentalismo. Claro que su teatro no niega las emociones, pero sí, que quien mira se sumerja en una visión incierta de la vida.
El teatro como ente comunicador, cumple y trasciende ese gran rol. Cuando Joseph T. Klapper afirma que ``lo que no resulta tan obvio es que estas actitudes, estas predisposiciones, están activas antes, durante la exposición a la comunicaciones de masa``; no hace más que reafirmar que quien mira es un depósito activo de dinamita esperando a ser encendida.
Un realizador que ha sacado gran ventaja-si se puede decir de esta forma-de lo que pone en escena o cine es Ingmar Bergman. Su visión de las emociones y la psiquis humana aún sigue dando para hablar y escribir. Esto se evidencia grandemente en su película ``Persona``, la cual ha sido catalogada como una obra maestra en la que la escisión, el juego, y la usurpación de la personalidad tienen el máximo de significado, amén de presentar abiertamente lo que es capaz de hacer alguien que ha depositado sus querencias en alguien que aparentemente no hace nada con esto. ¿Para qué mostrar una situación así a la gente? ¿Qué interés puede tener? Pues al ver la película, las líneas anteriores no han sido más que unos pálidos intentos para intentar explicarla en unas cuantas palabras.
La ``persona`` tiende a entender o a explicar las cosas según su percepción. Y esto no es con todo por supuesto, únicamente con aquello que le ha impactado. Aquí cabe tratar la afirmación de Klapper de que ``Las personas recuerdan el material que refuerza su propio punto de vista, mucho mejor que aquél que combate ese modo de pensar (…) tanto la retención como la exposición son elevadamente selectivas. ``. El teatro muestra y la mente guarda, selecciona, rechaza, acepta.
II-La influencia social del teatro.
Desde muy antiguo, se ha considerado al teatro como portador de elementos mágicos y de poder; entre ellos el de la sanaciòn.
Hace más de 4000 años, la manifestación de una enfermedad era tratada con una especie de médico brujo o ``chamàn`` como diríamos en criollo, que para curar, se vestía con pieles, se pintaba de una manera especial, danzaba y emitía sonidos. Según nos contaba en sus clases el maestro Ugo Ulive, estos son los primeros atisbos de la representación escénica. Y que persisten aún hoy en las sociedades tribales del África y de la América. Es decir, el curar, tenía-y tiene hoy-una forma de medicina y era la de que el curandero ``actuaba`` pues no era el mismo ni vestía igual que siempre.
Los antiguos griegos, vieron también el poder curativo y sus efectos en enfermos que acudían a ver una obra de teatro. Bien es sabido que la tragedia producía un efecto llamado ``catarsis`` que era un estado de equilibrio emocional que se alcanzaba luego de haber sufrido o llorado durante la representación. Esta conducta la producía especialmente la ``tragedia`` y no así la comedia, pues la primera era egregia, solemne y moralizante mientras que la comedia era común, grotesca e inmoral.
Al correr de los tiempos, con los medicamentos, se fueron uniendo distintas visiones del efecto que producía el teatro en sus asistentes, por lo que inclusive se les negó a las mujeres su participación como actrices por poseer ellas una especie de venática condición tendiente a la debilidad carnal, la ensoñación excesiva y la flaqueza intelectual. Como actrices no podían curar pero que ironía, si se confiaba en ellas como sacerdotisas que aliviaban el alma desde los más pequeños a los grandes señores.
Cuando el teatro se fue haciendo más específico, y no necesitó de intermediarios sino que como tal se constituyó en poción, medicina, revelación y provocación, ya diversificó sus múltiples significantes y por ende su impacto fue más directo y mayor. De hecho, fue tan efectivo que los romanos se lo daban a la plebe como un decadente juego de animales y personas sacrificadas todo en medio del más desbordante oropel y sin escatimar gastos para su puesta en escena.
El teatro, no en su plano circense como se le adjudicó entonces, sino en su papel de voz decidora de nuevos pensamientos llegó a socavar más de una corona y a más de una sociedad. Es el caso de Aristòfanes, que en sus comedias llegó a decir verdades políticas tan fuertes que muchas veces fue preso. A Shakespeare, los ministros de Cronwel, lo intentaban limitar con el puritanismo y el protestantismo a lo cual el bardo respondió con lo mejor de las creaciones al producir obras cuya temática se desarrollaba en otros países pero que bien reflejaban a la sociedad inglesa con sus problemas socio-políticos: El mercader de Venecia, los problemas de sucesión como en Hamlet, Ricardos y Enriques, el problema del poder como en Macbeth , Rey Lear, y Tito Andrònico y los temores metafísicos como ocurre en La tempestad. Y qué decir de los amores contrariados y persuadidos a morir como Romeo y Julieta. Entre estos dos períodos: la antigüedad y el teatro isabelino, se fraguó la Edad Media, abocada a tratar lo religioso cristiano, pero que a la par también alumbró las farsas y temas juglarescos como escape a un verbo siempre amenazador y castigador que representaba a Dios y a la conciencia de los seres humanos.
Impacto del teatro en mente y cuerpo. El efecto social del teatro como medio comunicacional. El teatro impacta porque no sólo utiliza el verbo sino poderosas imágenes (sonoras, olfativas, plásticas, etc.) que también comunican; haciéndolo de manera polivalente. Esta comunicación puede causar efectos importantes. Recordemos que en el teatro griego, el uso de artilugios como la eccyclema o la mechane-especie de carro con ruedas y grúa-tenían la misión de hacer aparecer personajes o realizar trucos que ``conmovieran`` al theatest o espectador. Era un teatro fundamentalmente para ser visto a pesar de estar cargado de un verbo grandilocuente. Tanto griegos como romanos
sabían el efecto que estas representaciones tenían política y socialmente. La iglesia en la edad media usó los auto-sacramentales, los milagros, etc., para persuadir de no pecar a sus feligreses amén de ser la única que explicaba el origen del ser humano. Fue un tiempo oscuro, con un teatro misterioso y sugerente. El Renacimiento, se recreó en las formas expresivas antiguas y las modernizó utilizando una voz introspectiva y desesperada, la angustia de un ser viviente que muy en sus fueros internos se sentía abandonado por Dios, por lo que fue un período muy antropocéntrico. Un teatro que reflejó angustias, violencias, desafueros y enajenación.
El Barroco, fue un teatro aún más existencial, tanto que se recargó plásticamente, y desarrolló además la commedia dell` arte; pero trató temas aún más íntimos como la avaricia y manipulación que reflejó Moliere en su Tartufo. El período Romántico, igual de antropocéntrico forjó los primeros regidores de escena y una forma de poner la vida en las tablas que aún hoy es pertinente por cuanto sentó las bases de una dialéctica de la dirección y de la forma de representar históricamente y socialmente a la gente. Claro, era y es una ventana que expone el ser, pensar y sentir de las personas.
Tenemos que ver entonces, que según esta máxima el teatro no ha cambiado aunque apartir del siglo XIX, pareciera hacerse más existencialista. El advenimiento de este siglo significó el abrir las ventanas con Casa de Muñecas del noruego Henrik Ibsen, quien dejó por sentado definitivamente que esa sociedad que se ufanaba de perfecta, tenía puertas adentro grandes debilidades y padeceres. Y la mujer expuso entonces su drama y comenzó a dejar oír su grito que aún hoy permanece. Es cuando al transcurrir del tiempo, aparecen Piscator, y su discípulo Brecht, quien definitivamente utilizará el teatro como un medio no sólo de comunicación, sino como de presión, reflexión y exhortación a cambiar una visión social-política meramente aburguesada. He aquí cuando el público, definitivamente ya no podrá ser el mismo.
Cuando se afirma que ``el teatro es uno de los más eficaces vehículos de comunicación que han existido…``(Stambaugh y González). , no tememos recalcar que nada más no ha sido vehículo sino que ha propugnado mucho de los cambios estéticos y ha mostrado desde sus distintos escenarios la filosofía de cada época.
Hay directores-as, conscientes de este efecto detonante del teatro y juegan en sus propuestas escénicas a desmontar la estructura mental que trae la audiencia. Por ello muchos directores y directoras han enfrentado las más fuertes críticas y grandes rechazos; pero ciertamente no la indiferencia.
Ahora, la reacción puede enfrentar fuertes paradigmas ligados al común pensamiento y que se resisten como es natural a los cambios. Para finalizar citaremos a Klapper con su sentencia ``…la comunicación de masas refuerza las actitudes, los gustos y las predisposiciones existentes, así como las tendencias conductuales de los miembros de su público, incluyendo las tendencias hacia el cambio``. Sobran las palabras, sobre todo teniendo en cuenta que las individualidades en compañía se sienten acompañadas y apoyadas, por lo que se someten a la censura y permisividad que esta les ofrezca, pero que tarde o temprano podrá efectuar ese tan temido cambio, si no en masa, por lo menos en quienes viven ciertamente, porque como dice Tennessee Williams en ``Dulce pájaro de juventud``: ``cambia, cambia porque lo que no cambia muere``, palabras de la princesa Alexandra del Lago a Chance Wayne, el héroe venido a menos nada más y nada menos que por ``amor``.
En cuanto a la propaganda, desde los antiguos romanos que mandaban a rociar agua de rosas sobre los transeúntes para que asistieran a una representación o como en el caso de los griegos que el tribunal llamado areópago pagò el sueldo de sus jueces a sus theatest para que asistieran a una jornada o desde las prohibiciones de los puritanos que quemaron los teatros isabelinos hasta las censuras y ventas impactantes de las obras teatrales de hoy día, el teatro siempre impactará en mayor o menor grado y será víctima o favorecido por dicha ``propaganda``.


Bibliografía.

• Prieto, A. y Yolanda, M. (1992). El teatro como vehículo de comunicación.
México: Editorial Trillas S.A.
• Macgowan, K, y Melnitz, W. (1987). Las edades de oro del teatro.
México: Fondo de Cultura Económica. Colección popular.
• Klapper, J.T. (1982). Los efectos sociales de la comunicación de masas.
En Schrann, W., La ciencia de la comunicación humana. (pp.79-91).
Mèxico: Editorial Grijalbo.

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