En 1960, Salvador Novo en la academia mexicana de la lengua pronunció lo siguiente: “Y así como la palabra no basta para hacer el teatro, tampoco sus demás elementos lo integran si no es aquel equilibrio que es condición del hombre apetecer, y misión del teatro alcanzar” (p,56). Sin embargo, la palabra en el teatro de Novo –la dialogada–, no parece ser, a juzgar por el caso de su obra El divorcio, la más importante, sino más bien la palabra narrativa, la didascálica, a la que llamaremos aquí segundo discurso. Veamos por qué. El género dramático está sujeto, en la tradición teatral, a la preponderancia de un discurso dialogado que lo distingue de los otros géneros, dejando a un lado o dándole menos importancia al discurso narrado, que se deja ver entre paréntesis, en cursivas, y muchas veces hasta en mayúscula, como tratando de distanciarse de lo dialogado por los personajes. Para el trabajo que nos ocupa nos hemos propuesto una aproximación a este segundo discurso en la obra de Novo El divorcio, con el fin de hacer una lectura desde distintas perspectivas, teniendo como prerrogativa la idea de un Novo-personaje.